CONGLOMERANTES HIDRÁULICOS

 

 

 

 

 

Desde la antigüedad los griegos aprendieron a crear mezclas resistentes al agua añadiéndoles tierra y paja.

Asimismo, los romanos generalizaron el uso de las mezclas de cal con puzolana, teniendo al día de hoy el vestigio de sus grandes obras.

 

Alcanzaban gran estabilidad en este tipo de mezclas debido a una reacción que se da entre la cal, la sílice y la alúmina contenidas en los materiales citados, consiguiendo así una naturaleza comparable a la que se obtiene con la hidratación de los conglomerantes hidráulicos modernos. Sin embargo; es a partir del S-XVIII cuando se inicia la producción de conglomerantes hidráulicos, es decir; materiales capaces de fraguar o endurecer en presencia del agua.

 

Conglomerantes hidráulicos

El descubrimiento de los conglomerantes hidráulicos se remonta al año 1756.

La influencia de la tradición romana probablemente haya retrasado el descubrimiento de los conglomerantes hidráulicos, ya que es común en la literatura romana que se insista en que para tener una buena cal hay que procesar una caliza muy pura. Por lo tanto, las calizas arcillosas eran rotundamente desechadas, quedando limitado su aprovechamiento a otro tipo de tareas constructivas.

 

Hacia el año de 1812, Vicat estudió las mezclas de calizas puras y arcillosas, demostrando que las propiedades hidráulicas dependen de los elementos que se forman durante la cocción entre la cal y los componentes de la arcilla. Estableció que bajo la acción del calor, se produce primeramente una deshidratación de la arcilla, después una descomposición de la caliza y al final una combinación entre la cal, la sílice y los óxidos de aluminio. Dependiendo de la temperatura y la duración de la cocción, la reacción es más o menos completa y por obvias razones los materiales obtenidos presentan hidraulicidad variable.

 

Los primeros conglomerantes producidos de esta forma, tenían las características de los cementos rápidos actuales; poseían mucha adherencia lo que les facilitaba su compactación, condición que no se debía al secado de la mezcla o a la carbonatación de la cal, sino a la reacción que se daba entre los materiales que los conformaban y el agua.

 


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